martes, 4 de enero de 2011

Recuerdos vividos en la calle Tallers

Vagando entre la gente, desorientado e inmerso en mi propia realidad.
Cruzándome con almas que van y vienen con aspecto más feliz que el mio aparentemente.
Intentando encontrarme a mi mismo entre las miles y miles de insignificantes descargas eléctricas
que lanzan mis atormentadas neuronas,
que en la suma de su ecuación dan como resultado,
un mismo sentimiento, el de la inadaptación, el de la tristeza, el de la indiferencia,
incluso el de la esperanza.

Esa esperanza artificial que me promete que todo mejorará, que un día me hará olvidarme de las penas.
Pero si algo he aprendido en la vida es que pocas promesas se cumplen,
de que no depende de uno solo en que puedan ser ejecutadas.
Pero si depende de uno intentar esforzarse a cumplirlas o que las cumplan.

Hoy he caminado dejandome llevar, como si de un muerto viviente se tratara,
pero mi subconsciente me llevaban a lugares ya visitados,
donde sentimientos fluyeron en momento de un tiempo que ya parece muy lejano.
Pero que al revivirlos me han hecho retroceder en el tiempo
como si mi cerebro fuera una máquina del tiempo.

Sin darme cuenta estaba en la calle tallers, tan distinta, tan igual.
Me he visto a mi mismo con 13 años sonriendo,
entrando en aquella tienda de discos donde tanta música me esperaba para descubrirla,
comprandome mi primera muñequera de pinchos.

De repente avancé a la edad de 16 años, me vi con mi mejor amigo,
con mis elásticos Gold River ceñidos marcando paquete como los toreros.
Por un instante reviví ese sentimiento tan fuerte que tenia,
era un guerrero en todos los aspectos.
Los problemas no me afectaban en negativo, sino que me hacían más duro y testarudo.
Mi autoestima estaba por las nubes, caminando entre aires de grandeza.
Mi única preocupación era ser más libre que nadie, porque feliz ya lo era.

Recuerdo mis primeros amigos de Barcelona, sobre todo me acordé del día que conocí a Alex.
Me impresionó su forma de vestir, sus muñequeras hechas por él y su novia de entonces.
Los cuatro parecíamos viquingos perdidos del siglo XXI. Los cuatro jinetes del apocalipsis.

Avancé en el tiempo hasta la edad de 17 años, me enamorado locamente,
con una chica rubia de ojos azules y cabellera larguisima,
me vi besandome en la plaza Castella, delante del Arise.

Volví a avanzar a los 20 años, estaba con otra chica morena, de ojos negros como el carbón,
pero no me vi igual de enamorado que entonces, pero muy tranquilo y feliz;.en el fondo la apreciaba.

De nuevo pasó más tiempo y esta vez vagaba de nuevo con mi mejor amigo, pero nuestras miradas eran diferentes, nuestro aspecto algo distinto. Ya no eramos los guerreros de antaño,
sino dos almas a las que ya no les parecía nada nuevo, donde se veían resquicios de tristeza,
pero mucha fuerza interior aun, 24 años ya tenia y de alguna forma no me reconocía con aquel chico de 16.

Entonces volví a la realidad, justo el día 4 de enero del año 2011, justo a un mes de cumplir los 27
y comprendí donde comenzó mi decadencia.

De repente pasé por delante de un bar, y mi mente retrocedió seis meses atrás,
me vi de nuevo fuerte de alma, seguro de mi mismo,
pero con la sensación de soledad incrustada en mi alma desde entonces.
Estaba con una chica hermosa que conocí por internet, mucho más joven que yo,
pero tan adulta que no aparentaba ni mucho menos su edad.
Fría y calculadora, callada pero su mente dando vueltas en su interior.

Me sentí vivo otra vez, notaba esa llama que creía haber extinguido hacia ya tiempo.
Me enamoré de nuevo, de su sencillez, de su seriedad, de su elocuencia, de su belleza.

Pues bien ahora me encontraba de nuevo en la cruda realidad,
solo alimentandome de mis recuerdos en esa misma calle que ha visto tanto de mi y de otros tantos
y que me ha visto crecer,
madurar, decaer, olvidar y recordar de nuevo.
Que me ha visto feliz, triste, cabreado, desesperado, apaciguado e indiferente.

Volví a caminar entre la multitud, ya no había sol, la noche caía lentamente,
como lo hacen mis esperanzas, mis ilusiones, y mis ganas de enamorarme de nuevo.

Comprendí que el amor es un arma con doble filo.
te da tanto cuando lo tienes, pero a cambio pierdes parte de tus energías cuando te deja.

Solo espero encontrar a alguien que comprenda todo esto,
que se sienta igual que yo, seria la única persona que entendería y que me entendiera.

Caprichoso de mi busco un sueño donde no me conformo con cualquiera,
quiero alguien intelectual, alejada del rebaño cada vez más numeroso de la sociedad conformista
e inanimada que se a creado. Esa epidemia  que se ha extendido como un cáncer desbocado.
Y encima quiero que sea la más bella, y un poco más joven que yo.

Jajajajajajaja me río de lo iluso que llego a ser a veces,
que sueño con alguien que no existe.
Me quejo de mi larga sensación de amar a alguien,
incluso después de no estar con esa persona no logro desprenderme de su amor en meses,
incluso años.

Soy un idealista, un soñador que vaga sumergido en ilusiones de niño.
¿Pero que seria de mi, si no las tuviera?
Pues seguramente estaría inerte frío, con maquillaje artificial en mi rostro
o quizás convertido en cenizas que se lanzaría en mi bosque querido, en aquel rio
que tantos recuerdos me traen también, donde no hace mucho estaba metido en sus aguas,
y me besaba aquella última chica que me enamoró en la calle Tallers.

Mi deducción es entonces que siga soñando, que la vida puede depararte muchas sorpresas,
buenas y malas. Ahora me vuelven a tocar las malas, eso quiere decir que tarde o temprano me volverán
a tocar las buenas, y así sucesivamente.

Es lo que me toca vivir, pero ojalá encuentre a la última y decisiva mujer que me ame, aprecie todo lo que haría por ella y que me hiciera revivir aquel guerrero que una vez fui con 16 años.


Immortal

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